Manuel Arteaga Betancourt nació el 28 de diciembre de 1879 en Puerto Príncipe, Camagüey, Cuba.
Efectuó sus estudios sacerdotales y fue ordenado en Caracas, Venezuela. Posteriormente, inicia su ministerio en Cumuná, Venezuela de 1906 a1912, regresando a su natal Camagüey, donde permaneció de 1912 a 1915.
En 1915 pasa a ser provisor y vicario general de la diócesis de La Habana, permaneciendo en el cargo hasta 1941. En 1916 es nombrado canónigo magistral del cabildo de La Habana. El 31 de mayo de 1926 es nombrado prelado domestico por el Papa Pío XI.
Tras la muerte del arzobispo de La Habana, Monseñor Manuel Ruiz y Rodríguez, fue elegido vicario capitular de la arquidiócesis, el 3 de enero de 1940.
El 28 de diciembre de 1941, el Papa Pío XII, lo nombra arzobispo de La Habana, siendo consagrado el 24 de febrero de 1942.
Fue creado cardenal presbítero por el Papa Pío XII en el consistorio del 18 de febrero de 1946, convirtiéndose en el primer cardenal cubano y uno de los primeros de Latinoamérica.
Falleció en La Habana, el 20 de marzo de 1963 y fue sepultado en el cementerio Cristóbal Colón.
Barnaba Niccolò Maria Luigi Chiaramonti nació en Cesena, Italia el 24 de agosto de 1742.
A los 16 años ingresa como monje beneditino, bajo el nombre de Gregorio. Tras 24 años de vida monástica el papa Pío VI le nombra obispo de Tívoli, posteriormente de Imola y finalmente cardenal en 1785.
En diciembre de 1799 y tras notarias dificultades para nombrar un sucesor de Pío VI, se reune un cónclave en Venecia que se extiende por tres meses y que resulta en la elección del cardenal Chiaramonti quien asume el nombre de Pío VII, el 21 de marzo de 1800.
Su pontificado estuvo marcado por constantes conflictos con Napoleón Bonaparte, a quien originalmente coronó en diciembre de 1804, pero con quien llegaría a enfrentarse debido al intento de este último de tomar los Estados Ponitificios como parte del imperio francés. Este enfrentamiento provocó que Napoleón encarcelara al Papa, primero en Savona y luego en Fontainebleau. No fue hasta que, tras varias derrotas militares, Napoleón libera al papa en 1814.
Sus últimos años de papado se caracterizaron por la recuperación del prestigio del papado, recibiendo a distintos monarcas contemporáneos. Por otra parte, reabrió en Roma distintos colegios, aumentó la biblioteca vaticana, reorganizó la congregación Propagandea FIDE, condenó las sociedades bíblicas y reestableció los derechos de la Compañía de Jesús.
Murió a los 81 años, el 20 de agosto de 1823, producto de una caída en la que se fracturó el fémur.